domingo, 17 de julio de 2011

A PROPOSITO DE EQUO


Habitamos un tiempo de crisis multidimensional, uno de esos períodos críticos de la historia “en que lo viejo no acaba de morir y  lo nuevo no acaba de nacer”. Esquematizando mucho nos movemos entre 2 grandes olas de acontecimientos estructurales: a nivel global una crisis financiera y  económica que por el momento oculta a duras penas la crisis ecológica, energética y alimentaria que viene, y a nivel peninsular una crisis de las hegemonías políticas heredadas de la transición que supone el declive del PPSOE, un declive que ya ha empezado pero que a medida que la crisis avance (y no puede hacer otra cosa) y la quiebra del proyecto europeo se concrete (nuestras salida del euro, etc,) la maquinaria bipartidista que usurpa el Estado quedará cada vez más deslegitimada y será sustituida gradual o catastróficamente. En medio y atravesando de lleno ambos procesos ha irrumpido el movimiento ciudadano en una onda revolucionaria que es muy ancha en el espacio (de China a Chile, de Islandia a Burkina), que será muy larga en el tiempo y que es muy  profunda en sus contenidos políticos porque supone, al menos en nuestros lares, una enmienda a la totalidad de las prácticas políticas, de los discursos, y hasta de las estéticas y estilos de la izquierda tradicional. Y prueba de ello es como el 15m ha descolocado a toda nuestra izquierda: el viejo liberal Rubalcaba, el de la OTAN y el GAL, haciendo ahora piruetas socialdemócratas, y Cayo Lara que se inviste ya de candidato a la Presidencia pero al tiempo lanza una oferta de coalición a su izquierda para que le ayuden a reflotar su desarbolado barco.
   En medio de esta tormenta, en una coincidencia temporal que no sabemos si irónica o feliz, es que surge el proyecto Equo: un serio intento de construir una nueva organización política desde abajo, desde los movimientos sociales, horizontal y transparente. Desde luego las dificultades de construir una red que articule en plano de igualdad la radical diversidad de la ciudadanía consciente y  autodeterminada son inmensas y en ese camino tan innovador como complejo hay y habrá fallos, algunos ya se señalan criticamente por muchas: el exceso de personalismo y liderazgo, las prisas electorales, el exceso de europeísmo y de sucursalismo respecto al Partido Verde Europeo, el nombre y el marketing predecididos, contradicciones o debilidades ideológicas como las suscitadas por la cuestión libia o las dificultades para entender y asumir el ecofeminismo, el decrecimiento, etc. Pero, a veces se peca de desconfianza y rigidez, pareciera que se busca con lupa cualquier fallo o error para justificar las reticencias previas a la participación en la arena institucional. Reticencias y desconfianzas legítimas pero que responden a posiciones ideológicas que creo desfasadas en esta coyuntura crítica de declive del capitalismo y de declive europeo, en Transición a un mundo postfosilista y postdesarrollista que está al otro lado de esta tormenta (no me resisto a recordar aquí el último libro que nos dejó el querido Ramón Fernández Durán: La Quiebra del Capitalismo Global:2000-2030).
   Tahrir-Sol es la metáfora contemporánea de la reinvención de lo político, un nuevo tiempo donde el antiquísimo concepto de democracia ha recuperado su matriz revolucionaria, un nuevo avance cooperativo de la Inteligencia Colectiva. Si el ágora de los tiempos de Pericles acogió por primera vez a los hombres libres (pero sólo a estos), y tras siglos de luchas interminables la comunidad política fue sucesivamente ampliada a los no-libres, a las mujeres, a las clases trabajadoras, a los indígenas... ahora estamos ante un nuevo reto o salto evolutivo: ampliar aún más la comunidad política en el espacio: un ágora global de la polis planetaria porque todos somos interdependientes. Y ampliarla en el tiempo y más allá del antropocentrismo: en el ágora global y en cada una de las locales alguien tiene que dar voz a las generaciones venideras y a las otras especies que no por no poder votar y concurrir a la asamblea carecen de derechos materiales que implican límites y obligaciones morales en el presente. Esta “voz del futuro y de los otros” es la que representa el ecologismo, y por eso en mi opinión la Ecología es la superación teórica y práctica de la izquierda del siglo XX, es el análisis más completo del desastre en que estamos y la descripción más esperanzadora de las vías de transición a un mundo más justo, en equilibrio con la biosfera y más libre. El mundo que el ecologismo (y el feminismo, y el pacifismo...) “lleva en su corazón” está ya tan maduro que ha llegado el momento y la posibilidad de pasar de la política resistencialista y de oposición que los movimientos críticos tuvieron que adoptar en los decenios oscuros de la orgía desarrollista, a una política re-evolucionaria que abarque todos los ámbitos: territorial, virtual, laboral, institucional, comunicativo..., y que utilice todas las estrategias desde la desobediencia civil y el boicot, a las reformas graduales, los discursos propositivos, las colaboraciones creativas, las negociaciones y cooperaciones necesarias. En este nuevo tiempo de Transición ya no hay dicotomía entre reforma y revolución, necesitamos ambas y a la vez y confiamos en que ambas se retroalimentan si se integran en el mismo de ciclo de lucha ciudadana. Ya no hay tampoco un afuera  y un adentro de las instituciones, hay un sólo mercado capitalista cuya cúpula financiera está acometiendo un asalto brutal a la caja común de riqueza social que cristalizó historicamente en la forma Estado. Cuando los grandes clásicos del anarquismo trazaron su acerada y acertada crítica al Estado la situación histórica era bien distinta, ni estaban en el inicio del colapso de la civilización capitalista, ni había entonces un dominio tan grande del capital privado en todos los ámbitos de la vida y en todas las regiones del mundo al mismo tiempo, de modo que las instituciones públicas han  quedado prácticamente como el único contrapoder no privado frente a los todopoderosos mercados, el único reducto de riqueza social no privatizada. Por eso considero que no hay un afuera y  un adentro para el movimiento, sino que las tareas del cambio necesitan de la presión de las calles y de la insumisión colectiva, pero también necesitan las propuestas creativas, los experimentos locales-regionales de autogobierno, la acción comunicativa y legislativa de los parlamentos... Entre la democracia directa y la democracia representativa se pueden y se deben tender puentes (¿o alguien se imagina como vamos a articular y gobernar una polis global sin momentos de delegación, de representación, de liderazgo y de CONFIANZA?), cauces de interconexión y  retroalimentación. Precisamente una cooperativa política asamblearia y federal puede ser la fórmula que permita acoplar los logros y reivindicaciones de los movimientos sociales en los espacios institucionales de representación en una estrategia gradual de resocialización de la cosa pública y de redistribución progresiva de los recursos económicos de la hacienda pública. Hasta ahora Equo puede ser eso: una red de redes, asamblearia, federal, que se está construyendo con la cooperación de muchas gentes muy diversas, con muchos errores y carencias, pero con una gran oportunidad histórica. Tenemos la suerte no sólo de asistir a este complicado parto, sino de poder participar en él, hasta la Asamblea Cosntituyente está todo abierto. A l@s escéptic@s les pediría que no dejen de criticar y señalar los errores pero que lo hagan dando un margen de confianza porque la Inteligencia Colectiva de todos siempre es más que la suma de las inteligencias individuales. A l@s entusiastas les animo a no ir tan rápido, a cuidar las formas, los tiempos necesarios para el consenso, los disensos, escuchar las críticas y ser escrupulosamente transparentes hasta en los errores.
   Por último, la cosa está así: fuera de Equo ya no hay nada, salvo el localismo irredento, una vía estéril en este tiempo de total interdependencia, este es el último tren desde luego para la ecología política, y creo que es (o puede serlo) al mismo tiempo el primer tren de un novedoso ciclo político democrático: una segunda transición que necesariamente avanzará hacia horizontes ecosociales y de democracia participativa, hacia horizontes republicanos, federales, hacia horizontes de soberanía alimentaria, justicia social y vida buena... Así que os animo a participar en las asambleas provinciales y a ponerle ilusión y esfuerzo a este experimento socio-político por lo menos hasta la Asamblea Constituyente de Octubre, que siempre fue buen mes para sublevaciones.

   Fernando Llorente. Iniciativa Ciudadana de Talaveruela de la Vera

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