jueves, 31 de marzo de 2011

PASTOR@S POR LA CONVIVENCIA CON EL LOBO

La unánime petición del Senado de que el lobo ibérico sea considerada especie cinegética al Sur del río Duero retrata claramente la también unánime ignorancia e hipocresía de los representantes políticos todos (incluidos los de la izquierda). Ignorancia unánime porque esta medida supondría modificar la directiva europea de hábitats, algo que está fuera de las competencias de un Senado nacional y es por tanto ilegal, por lo que en caso de que esta moción prosperara también en el parlamento será a buen seguro tumbada por los tribunales estatales o europeos. Unánime hipocresía porque aducen que esta medida es para proteger a los ganaderos, y aunque ciertamente los sindicatos agrarios jaleen esta moción, lo cierto es que resulta irónico que los representantes políticos que han dejado a los ganaderos a merced de los mercados globalizados, a merced de la especulación financiera con las materias primas, a merced de los oligopolios de la distribución y
comercialización y a merced de las multinacionales agro-farmaceuticas, vengan ahora a preocuparse de las pérdidas económicas que provocan al sector los ataques del lobo. Unas pérdidas que según los dudosos datos que aportan UPA y COAG ascienden a 70.000 euros en toda la comunidad castellano-leonesa durante el año pasado. Es de lógica preguntarse si esa cifra no es acaso un precio asumible por esta sociedad a cambio de los servicios ambientales de contar con estos grandes depredadores en nuestros ecosistemas, pero en todo caso son pérdidas menores que las que producen los ataques de perros abandonados (en muchos casos por cazadores) y a nadie se le ocurriría pedir que los perros de los cazadores se conviertan en especies cinegéticas, aunque eso sin duda “protegería” más a los ganaderos. Bromas aparte, la ganadería ha convivido desde tiempo inmemorial con la presencia del lobo, una convivencia sin duda conflictiva pero que hoy sería más fácil si se adoptaran algunas medidas eco-racionales: indemnizaciones ágiles y generosas a los ganaderos afectados por ataques de lobos evitando al tiempo el fraude de hacer pasar por tales los de los perros, líneas de ayuda y fomento de las defensas ganaderas (recuperación de la cultura de los mastines, cercado de cotos, pastores eléctricos...), volver a permitir que los ganaderos dejen los cadáveres en el campo (algo prohibido desde la crisis de la vacas locas y que es sencillamente una exacción a la despensa de los necrófagos y  también de los lobos, zorros y otros carroñeros ocasionales), si se persiguiera y erradicara la bárbara costumbre de abandonar perros, si se desarrollase una labor educativa y de concienciación ambiental entre los pastores y la población rural de las zonas loberas y de futura y previsible expansión (Guadalajara, Cáceres, etc). Pese a la posición mayoritaria de histeria ante el lobo que tienen los sindicatos agrarios y los propios ganaderos hay también en este sector quienes apostamos por la convivencia con el lobo ibérico, y
eso por varias razones. Desde luego razones éticas: las derivadas de la conciencia de que no somos dueños y señores de los animales y los campos, sino cuidadores, arrendatarios eco-dependientes, gestores de flujos de vida y energía con responsabilidades hacia el futuro. Pero también hay razones más prácticas y en el buen sentido egoístas: los lobos son un bien ambiental del que se derivan beneficios y sinergias que nos benefician a todos incluidos los ganaderos, por ejemplo son la solución a la sobrepoblación de cérvidos en alguna áreas y sobretodo a la más generalizada de jabalíes (que están transmitiendo la tuberculosis al ganado vacuno y provocando pérdidas económicas muy superiores), además los lobos presionan y seleccionan geneticamente de un modo positivo a sus presas (al contrario que la caza para trofeo que abate los más preciados  ejemplares desde un punto de vista genético), y son por ello un factor de salud ambiental, de otro lado la
presencia de lobos en un territorio es también un bien que se puede traducir en ingresos turísticos como bien saben en Sanabria y otras zonas loberas de Castilla y Portugal. Podemos decir incluso que los lobos pueden ser enemigos ocasionales de un cierto tipo de ganadería normalmente de vacuno, sin pastoreo, que se ha ido extendiendo en esta etapa terminal de la ganadería tradicional por muchos de nuestros entornos rurales, en la que los últimos ganaderos se han acostumbrado a la comodidad de no tener ni competencia por los pastos ni competencia con los extintos depredadores, la presencia del lobo paradojicamente en este sentido es un aliado del pastoreo entendido como cuidado y guarda de herbívoros, como colaboración entre perros, humanos, y ganados, como competencia/colaboración con la fauna y la flora salvaje. El lobo puede que venga a comerse alguna que otra oveja de nuestros rebaños, pero quizá venga también a ayudarnos a revalorizar el valor económico, cultural y ambiental del pastoreo, la belleza del trabajo de los mastines y los perros de carea que tanto han ayudado a los pastores desde el neolítico, la riqueza del folclore y las tradiciones asociadas a la actividad pastoril, la importancia paisajística de esta actividad ancestral. Por ello afirmamos como pastores y ganaderos no representados por Asaja, ni Upa, ni Coag, y tampoco por nuestro Senado, que se abstengan de defendernos del lobo ibérico si no pueden defendernos de los tiburones capitalistas, que el lobo ibérico es una especie en peligro de extinción con la que no sólo podemos convivir, sino que queremos hacerlo (con nuestros mastines y sus carrancas, con nuestras defensas, con indemnizaciones que no son “subvención” sino un justo pago social por un servicio ambiental que cumplimos), que no se amparen en nosotr@s para satisfacer los intereses de los cazadores, que no se burlen de las leyes de protección ambiental y del sentido común, que dejen al lobo ibérico en paz y si quieren hacer algo por la ganadería que ataquen al monopolio de comercialización que nos imponen precios cada vez más bajos de carne, leche, huevos, etc...esos depredadores si que nos provocan estragos económicos.
Fernando Llorente. Merinas negras en Talaveruela de la Vera. Cáceres

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